lunes, 29 de enero de 2018

IMPORTANCIA DE LA TRANSCRIPCIÓN EN INVESTIGACIÓN CUALITATIVA

En una entrada anterior, reflexionábamos sobre la importancia de las transcripciones en investigación cualitativa. Constituyen una de las tareas más invisibilizadas de la investigación cualitativa y, tal vez por ello, menos reflexionada y cada vez más subcontratada a terceros.

Marina Requena, Emma Gómez y David Muñoz-Rodríguez en su artículo “El fetichismo de la transcripción: Cuando el texto pierde el lenguaje analógico” (2018), llaman la atención sobre su importancia.

Desde la perspectiva de la corriente del Cualitativismo Crítico de Madrid (Ibañez, 1979; Ortí, 1984), esta actividad es la base fundamental para el análisis de discurso a la vez brinda elementos para avanzar y enriquecer el proceso de investigación. Por ello, Ortí (1984) planteaba la necesidad de que los investigadores, preferiblemente quien realiza el trabajo de campo, adelante esta actividad.

Transformar la transcripción en mercancía es asumir que es un “un objeto transparente y mecánico que produce una representación precisa de las grabaciones. Este supuesto positivista considera a las transcripciones como textos autorizados que mantienen ciertas verdades (Tilley y Powick 2002)” (Requena, 2018:84).

Distanciándose de esta posición, Requena et al (2018) plantean razones de orden pragmático y de orden teórico para sostener que la transcripción no se debe mercantilizar. Respecto a la primera, la transcripción posibilita avanzar en la etapa de análisis en la medida en que simultáneamente a esta actividad se pueden realizar anotaciones útiles bien para la etapa de codificación o análisis de la información; a la vez que puede plantear nuevas líneas de análisis o develar hipótesis de trabajo a indagar. Igualmente, permite reflexionar sobre nuestra forma de abordar un grupo de discusión o una entrevista en profundidad, es decir, en qué medida somos capaces de orientar una pregunta general para permitir a los sujetos construir sus discursos; descubrir silencios o vacíos que no fueron interpretados o interpelados en su momento; generar confianza en el otro o empatizar con el grupo. Es decir, es una actividad que nos permite también crecer como investigadores de manera reflexiva. Somos sujetos en proceso, esto es, en palabras de Ángel de Lucas, “un sujeto que necesariamente modifica el proceso que observa y que se modifica a sí mismo al observarlo: modificaciones ambas que deben ser incluidas en el campo de la investigación” (citado por Requena et al, 2018: 87).

Igualmente, en términos metodológicos la transcripción es básica para poder hacer el trabajo de análisis de los desplazamientos, de las asociaciones, de los giros, de las tensiones, de las propias expresiones producidas en el grupo.

En cuanto a las razones de orden teórico, los autores señalan que el paso de lo oral a lo escrito supone una trasformación del material de la investigación asociada a la pérdida de información, en especial si no esta actividad no es realizada por los propios investigadores.

El proceso de transcripción supone juicios y análisis; implica una actividad de escucha la cual dependerá de nuestra sensibilidad, de nuestra subjetividad para dar prioridad a unos elementos o a otros (voces, silencios, entonaciones, expresiones, acentos, etc.). Además, cuando la transcripción se transforma en mercancía sufre un doble efecto descontextualizador. “Por una parte, su externalización oculta las condiciones sociales en las que esta fue creada. Por otra parte, se pierde contexto situacional y contexto sociohistórico en el que los discursos se desarrollan y producen” (Requena, et al, 2018: 85).

En conclusión, con la mercantilización de la transcripción se corre el riesgo de perder la riqueza de la comunicación analógica, la cual incluye los gestos, la postura, la inflexión de la voz, la expresión facial, el ritmo la cadencia, los silencios, es decir, todas aquellas manifestaciones no verbales que difícilmente pueden ser reproducibles por una persona que no ha estado en el contexto de la interacción. Como señala Requena, “la importancia de la transcripción no radica en la escritura de la conversación sino en la escucha, la reconstrucción del contexto y la inter­pretación del discurso” (Requena, 2018: 96).



BIBLIOGRAFÍA



Requena, M., Gómez, E. y Muñoz-Rodríguez, D. 2018, El fetichismo de la transcripción: Cuando el texto pierde el lenguaje analógico. EMPIRIA. Revista de Metodología de Ciencias Sociales. N.o 39 enero-abril, 2018, pp. 79-101.
ISSN: 1139-5737, DOI/ empiria.39.2018.20878

Ibáñez, J. (1979) Más allá de la sociología: el grupo de discusión: teoría y crítica. Madrid: Siglo XXI.

ORTI, A. (1984): “Crisis del modelo neocapitalista y reproducción del proletariado rural (represión, resurrección y agonía final de la conciencia jornalera)” en Sobre Agricul­tores y Campesinos, Madrid, Editorial Mapa.

Tilley y Powick (2002) Distanced Data: Transcribing Other People’s Research Tapes. Canadian Journal of Education, 27(2/3), 291–310

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