domingo, 26 de marzo de 2017

INSERCIÓN PROFESIONAL DE SOCIÓLOGOS EN EL PAÍS VASCO

Sociología en EuskadiSi la semana pasada poníamos en cuestión la metodología de la encuesta de inserción profesional de sociólogos en España , hoy queremos destacar que la aproximación realizada por Idoia Martín-Aranaga (2016) para el País Vasco tomando datos de las universidades, del INE y de los observatorios  del mercado de trabajo Egailan y Lanbide nos parece más acertada y realista. Principalmente porque toma como universo a todas las personas graduadas y no sólo a las que se encuentran afiliadas a organizaciones profesionales.

La autora recoge datos de las universidades vascas donde se imparte la carrera y los compara con datos semejantes de otras universidades españolas. La metodología utilizada por dichos centros educativos es entrevistar a los licenciados cuatro años después de terminar la carrera, lo que permite comparar diacrónicamente los datos de una misma universidad, así como los datos de las diferentes universidades para un mismo año.

Los resultados obtenidos muestran, para las universidades vascas y también para el conjunto de universidades españolas en las que se imparte sociología, que la profesión tiene tasas de actividad altas (cercanas al 90%) pero menores a las que obtienen otras carreras de ciencias sociales. Que trabajar en la profesión y gozar de estabilidad es un deseo que sólo una minoría de sociólogos ha podido ver cumplido, agravado incluso por el crecimiento del empleo a jornada parcial. Que el trabajo en las administraciones públicas cada vez es menor, si comparamos los datos de las últimas cohortes de titulados con las de más antigua obtención. O que, al igual que en el resto del mercado de trabajo, las sociólogas tienen ingresos y menos estabilidad que los hombres.

Tan interesante como los datos que aporta nos parece la apuesta del artículo por el modelo francés, que ha tenido éxito desde los 80’s orientando una especialización de la disciplina en torno a la acción (y no sólo la investigación), lo que ha permitido diversificar las salidas profesionales de la disciplina.


REFERENCIAS

Martín-Aranaga, I. (2016) La inserción profesional de las personas tituladas en sociología: un análisis para el País Vasco. En: RES n.º 25 (3 Supl.) (2016) pp. 189-209

lunes, 20 de marzo de 2017

ESTUDIO SOBRE LA SITUACIÓN PROFESIONAL DE LOS SOCIÓLOGOS EN ESPAÑA: UNA DUDA

Es de agradecer el esfuerzo del Colegio de Ciencias Políticas y 
Una facultad de sociología española
Sociología y la Federación Española de Sociología (FES) al realizar y difundir un estudio sobre la situación profesional de los licenciados en sociología en España.

No obstante, al analizar los alcances del estudio y la metodología utilizada (Díaz et al, 2016) nos surgen algunas dudas. En Octubre de 2014 se realizó una encuesta on-line, mediante correos electrónicos dirigidos a socios y colegiados de las dos organizaciones profesionales arriba citadas. Pero ¿qué proporción de sociólogos españoles se encuentran afiliados a la FES y al Colegio? ¿No son los sociólogos que han conseguido trabajar en la profesión quienes más participan en organizaciones profesionales? ¿Se puede evaluar el éxito/fracaso del Plan Bolonia o los diseños curriculares en relación con nuestra profesión sin eludir un posible sesgo de sobre-representación de las personas más ligadas a la práctica profesional?

¿Y qué podemos hacer con el reducido presupuesto existente? Nos podrían responder los autores. Pensamos que es mejor utilizar la imaginación, ampliando el marco muestral a esa gran mayoría de titulados que no forman parte de dichas organizaciones. Sabemos que las técnicas de “bola de nieve” no gozan de buena reputación en el momento actual. Pero ¿es admisible señalar que el 46% de los sociólogos en España desempeñan un trabajo regular como sociólogos dejando fuera de la muestra a quienes se tuvieron que alejar de nuestra profesión por falta de oportunidades?


REFERENCIAS

Díaz, C., de Luxan, A. y Navarrete, F. (2016) Los sociólogos ante el mercado de trabajo. En RES n.º 25 (3 Supl.) pp. 45-71


domingo, 12 de marzo de 2017

¿QUÉ ES SKILL-BIASED TECHNICAL CHANGE (SBTC)?

El concepto de Skill-Biased Technical Change (SBTC) o Cambio Técnico Sesgador de Habilidades se refiere a los cambios relacionados con la introducción de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). En tres dimensiones diferentes: cambios en el empleo según la formación de los trabajadores, cambios organizativos y cambios en la relación entre trabajadores y empresarios.

En primer lugar, el uso de ordenadores y el proceso de digitalización de la información dentro de las empresas, así como en las relaciones con clientes y proveedores, incide en la mayor demanda de trabajadores más cualificados y la menor demanda de trabajadores con escasa cualificación. Como señalan Levy y Murnane (2004), estos procesos han producido una reducción relativa del trabajo basado en tareas rutinarias manuales y rutinarias cognitivas, así como un incremento relativo del trabajo basado en tareas no rutinarias cognitivas.

En segundo lugar, se ha producido un aumento del trabajo autoprogramable frente al trabajo genérico. Como señalan los estudios de Hitt y Brynjolfsson(1997) se ha incrementado la delegación de autoridad a trabajadores y equipos de trabajo, así como el trabajo autónomo en el sentido de planificación.

En tercer lugar, estos cambios inciden en la mayor flexibilidad en la relación entre empresarios y trabajadores, con el desarrollo de nuevos compromisos y valores a asumir. Lo que otros autores (Wëiss, Seco y Ríos, 2009) llaman nuevas formas de trabajo.

No obstante, como señalábamos en una entrada anterior, los cambios ligados al uso de TIC no son mecánicos y dependen de los contextos en que se producen. Sin olvidar la importancia de la legislación laboral, las políticas de empleo implementadas o la división internacional del trabajo, entre otros factores.


REFERENCIAS

Brynjolfsson, E.; Hitt, L. M. (2003). «Computing Productivity: Firm-level Evidence». Review of Economics and Statistics. Vol. 85, núm. 4, pp. 793-808.

Levy, F.; Murnane, R. J. (2004) The New Division of Labor. How Computers Are Creating the Next Job Market. Nueva York/ Princeton: Russell Sage Foundation / Princeton University Press.

Torrent-Sellens, J. (2008) Cambio tecnológico digital sesgador de habilidades (e-SBTC ) , ocupación y salarios: un estado de la cuestión. En: Uocpapers, n.º 6 (2008).

Wëiss, A., Seco, E. y Ríos, J. (2009), Cambio empresarial y nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Nuevas formas de organización y trabajo. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

lunes, 6 de marzo de 2017

EL YUGO DE LA NEUTRALIDAD AXIOLÓGICA DE WEBER

Imagen del sociólogo alemánVarias generaciones de sociólogos fuimos educados bajo el yugo de la neutralidad axiológica de Max Weber. Se partía de que evitando posiciones ideológicas garantizábamos la objetividad de nuestro trabajo. Que separando el ser del deber ser, el sociólogo eludiría los juicios de valor, lo que facilitaría la objetividad de su trabajo.

El concepto de neutralidad axiológica es, para Bourdieu, Chamboredon y Passeron, una nueva garantía de la ilusión positivista: la ilusión de que las operaciones “axiológicamente neutras” son también “epistemológicamente neutras”. Es decir, que la valoración de si nuestro trabajo es ajeno a posiciones ideológicas impide que critiquemos nuestras formas de aproximación a la realidad, nuestros métodos e, incluso, nuestras preguntas. Una verdadera inhibición metodológica en el nombre de esta supuesta neutralidad.

Pero, por desgracia, el límite impuesto no sólo incidió en una cierta despreocupación por la calidad de nuestros métodos, sino que también determinó en gran medida la huida de determinados problemas y enfoques connotados por la ideología y la política. Menos mal que Mills,  Foucault 
Bourdieu nos ayudaron a descubrir otros horizontes más allá de la despolitización.


REFERENCIAS

Bourdieu, P., Passeron, J.C. (2013) El oficio de sociólogo. Madrid: Siglo XXI.

Weber, M. (1985) Sobre la teoría de las ciencias sociales, Barcelona: Planeta Agostini, pp. 20-21.