lunes, 30 de octubre de 2017

LA ECONOMÍA VS LA POLÍTICA Y LA SOCIEDAD, SEGÚN MÉDA

Imagen de la autoraContinuando con la crítica que realiza Polanyi a la economía, Méda, en su libro, El trabajo: un valor en peligro de extinción (2009), señala la necesidad de replantear el papel de la economía, campo que actualmente define los fines de la política y de la sociedad: producir y consumir, como imperativos categóricos incuestionables.

Méda sostiene que el papel de la política es establecer los fines de la vida en sociedad, a través de la palabra. Por ello es indispensable plantearnos en el ágora en qué sociedad queremos vivir, para lo cual es fundamental hablar, discutir y participar.

El papel de la economía debe ser el ámbito de los MEDIOS, no de los FINES, es decir, resolver el problema del sustento, de las necesidades materiales. Mientras, en el campo de la política y de la sociedad se deben definir los fines, campos que están secuestrados actualmente por la economía.

El campo de la POLÍTICA está referido a la esfera pública, que es el ámbito de los fines. Rememorando la polis griega, Méda señala que ser político -vivir en la polis- significaba que todo se decía por medio de palabras y de la persuasión, no mediante la fuerza ni la violencia. Era una búsqueda compartida de la buena vida en sociedad o de la buena sociedad.

En cuanto a la SOCIEDAD, distante de la consideración del siglo XVIII de un agregado de individuos -proclamada por la economía-; Méda la plantea como un contrato voluntario entre todos los individuos, orientado a construir un vínculo social, pero este vínculo no lo puede generar el intercambio. La fraternidad y la solidaridad, a pesar de no tener una formalización racional clara en el siglo XX, deben ser principios configuradores del vínculo social.

Expresión del ámbito social son los movimientos sociales, las asociaciones. Un campo propiamente político, expresión de formas diversificadas de ciudadanía, pero no sometido a lo político. Es un espacio que habría que recuperar y/o construir de manera urgente. Proyecto que se hace cuesta arriba en una sociedad de consumo, pero indispensable hoy más que nunca.

Reconocer al individuo y preservar el vínculo social. El desafió de la modernidad consiste en reconocer al individuo e integrarlo al mismo tiempo en una comunidad de derechos y obligaciones que suponga algo más que el intercambio comercial, mercantil. En efecto, no se trata de imponer unas convicciones, creencias o estilos de vida, ni tampoco es necesario tener las mismas convicciones y creencias, para decidir entre todas y todos qué entenderemos por riqueza, cómo se distribuirá, cómo podemos organizar, por ejemplo, un sistema sanitario, educativo, fiscal, etc. La diversidad de convicciones personales no es en modo alguno un obstáculo para establecer conjuntamente los fines sociales.

En este momento, la sociedad debe actuar para rescatar la política del campo económico. No cabe duda de que el establecimiento de un fin social puede entrañar algún tipo de obligación para los individuos, pero quizás haya llegado el momento de aceptar que la buena vida en sociedad tiene su precio y su importancia para el individuo y que quizás algunos deseos –que no las libertades individuales ni los derechos democráticos- pueden quedar limitados por causa de la vida en sociedad.

Pero una sociedad moderna no puede llegar a ser comunidad sin un ESTADO que le sirva de catalizador y de mediador. Un Estado cuya función primordial sea posibilitar la mediación de la sociedad consigo misma, ayudándola en la formación y expresión de la voluntad general.

Por encima de las funciones reguladoras del crecimiento o correctoras de desigualdad, la función de ese Estado sería organizar el espacio público, esto es, liberarlo y facilitar el acceso de los ciudadanos a ese espacio en el que podrán expresarse, en el que podrán participar de la toma de las decisiones públicas en la elección de la buena sociedad, en el ejercicio de la función pública.


BIBLIOGRAFÍA

Méda, D. (2009) El trabajo: un valor en peligro de extinción. Gedisa, España.

Prieto C. (1999) Crisis del empleo: ¿crisis del orden social?, en Miguélez y Prieto (1999)

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