domingo, 22 de octubre de 2017

EL CONCEPTO DE ECONOMÍA SEGÚN POLANYI

Karl Polanyi, en su libro “La Gran Transformación, crítica del liberalismo
Imagen del economista crítico
económico” (1989), realiza una reflexión profunda sobre dicha tradición y se adentra en el concepto de economía.

Plantea que el contenido común de toda actividad económica es el sustento, es decir, la provisión de bienes materiales para la reproducción de la sociedad. Esta sería la concepción sustantiva, mientras la concepción formal se apoya en la elección de medios escasos para fines alternativos.

En la perspectiva dominante de la economía, la formal, el hombre es considerado como un ser con necesidades ilimitadas, movido por el afán de lucro y con un deseo natural por disponer de lo que es escaso. Según Polanyi, esta percepción del hombre es una invención de la ciencia económica, la cual se postula como la solución para resolver la cuestión del vínculo social.

El punto de partida son los individuos, quienes se ven abocados a establecer vínculos entre ellos movidos por el deseo de abundancia, y cuyas relaciones están reguladas de manera automática por el mercado. En este sentido, la economía de mercado es un sistema político-económico, cuyo rasgo fundamental es el intercambio (trabajo, tierra, dinero), que en tanto mercantil, es autorregulado por el mercado a través de los precios.

La autorregulación requiere requisitos institucionales y de comportamiento. Los institucionales están relacionados con: 1) Derecho a la propiedad privada, el cual se erige como un derecho fundamental que garantiza la venta y uso de mercancías. 2) Contratos libres entre partes que deben respetarse. 3) Atomismo de los sujetos: todos y cada uno de ellos existen y actúan por cuenta propia, en busca de sus intereses particulares y separados de los demás; el vínculo social es un fluir incesante de intercambios.

En este sentido, el reto de la economía es lograr la coexistencia entre los individuos que carecen de interés por lo demás: individuos que no son inicialmente sociables, que sólo se preocupan por su propia conservación (principios: individualistas, hedonistas y utilitaristas).

En cuanto a los requisitos de comportamiento, la relación entre los individuos está basada en la acción racional económica; acción consistente en la elección más adecuada entre medios escasos para alcanzar fines alternativos y jerarquizados, orientados a la obtención del máximo de beneficios. La mediación del dinero hará que la maximización sea dineraria.

Bajo estos requisitos institucionales y de comportamiento, la economía de mercado es una institución social que sólo tiene una orientación: la producción y la distribución, cuyo sentido es la satisfacción de necesidades materiales. En este marco, la política y la sociedad se hallan institucionalmente separadas del mercado. No se requiere la injerencia del Estado ni de la sociedad para establecer vínculos entre los sujetos, por ejemplo, como el de solidaridad. El silencio del mercado, a través de los precios, resuelve las interacciones humanas, reduciendo los riesgos de conflicto. En este marco de comprensión de la economía, el crecimiento y el intercambio mercantil se erigen como fines de la sociedad.

El imperativo de la economía es dar con los medios que garanticen el crecimiento de la producción. Medios eficaces para la consecución de un fin cuya pertinencia nunca será discutida. Es decir, la economía se postula como una ciencia de los medios y no de los fines, aunque sigue considerando que el incremento de la producción es un bien en sí mismo.

La economía nos hace creer que cualquier deseo puede ser satisfecho. Consumir se ha convertido en un acto cívico, y no importa el qué se consume, siempre y cuando lo recojan las estadísticas. La clase política se convierte en una tecnocracia especializada en la elección de medios más propicios a la consecución de objetivos predeterminados. Nunca se plantea los fines de la vida en sociedad como diferentes a los planteados por la economía que estima que la tarea de un país es exclusivamente económica y considera al hombre como un productor-consumidor. Posteriormente, Hannah Arendt va a fundamentar su crítica a la economía moderna en estos principios, como veremos en otra entrada del blog.


BIBLIOGRAFÍA

Polanyi, K. (1989) “La gran transformación. Crítica del liberalismo económico”, Madrid: Ediciones de la Piqueta.

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