domingo, 3 de septiembre de 2017

LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO DE CAMPO. REFLEXIONES DE UNA ENCUESTADORA

Importancia del trabajo de campo en una encuesta
Hemos tratado el tema en entradas anteriores: la importancia del trabajo de campo en el éxito de las encuestas, o los límites de las técnicas cuantitativas para captar el discurso social y político. En este sentido, la revista Encrucijadas publica una interesante entrevista a una veterana encuestadora del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). En la misma, la entrevistadora hace referencia a aspectos muchas veces olvidados en el diseño y el análisis de las encuestas.

En primer lugar, apunta varios problemas de validez. Tales como la polisemia (las personas entrevistadas entienden de forma diversa el significado de términos como “liberal”), la falta de comprensión de algunas preguntas o, incluso, la necesidad por parte de la encuestadora de traducir algunas ellas al lenguaje coloquial. Algo que aleja a los instrumentos del grado de estandarización necesaria. Dichas dificultades de comprensión dificultarían también el proceso de comunicación: “la gente da por supuesto que lo que les voy a preguntar la gente lo entiende, y si no lo entienden piensan ‘yo soy idiota’”. Además, reflexiona acerca de la escala de 1 a 10 en la posición política: muchos entrevistados quieren situarse “en el centro exacto” y dicha escala no dispone de punto central.

En segundo lugar, detalla algunas dificultades muestrales que son observadas en el campo. Concretamente se refiere a aquellas personas que no saben aún a quién votar y no contestan; o a aquéllas que no muestran interés por participar en un sondeo electoral, aunque finalmente sí voten: “no saben qué hacer con su voto y ese desafecto no se está recogiendo bien”. Añade que, en tiempos pasados, era relativamente fácil realizar entrevistas de intención de voto en los barrios populares, pero que hoy la situación ha cambiado: la precariedad se ha traducido en desinterés por la política y también por los sondeos electorales.

Y en tercer lugar, denuncia la falta de soluciones a problemas observados por los encuestadores/as en el campo:

Por ejemplo, en una encuesta sobre la sanidad, en la que se pregunta “si a los extranjeros se les trata diferente que a los españoles”, te responden "por supuesto que sí hay diferencia”, pero dicen que hay diferencia porque a los extranjeros les tratan mejor. No es la diferencia que parece que es. Cuando pasa, pones una anotación al final, en el ‘no contesta’… pero han pasado un montón de años, y la pregunta no se cambia.

Poder comparar históricamente datos de encuestas es un aporte para abordar los cambios sociales. Pero si los ítems no cumplen con los mínimos requerimientos, ¿merece la pena continuar recogiendo información que no es válida? Si Wright Mills levantara la cabeza, seguramente guardaría este pasaje para ilustrar el ethos burocrático.

En cualquier caso, el documento nos muestra una vez más la importancia de conocer lo que ocurre en el trabajo de campo cuando se diseña un instrumento de recolección. En una entrada anterior, recomendábamos que los propios autores/as de un cuestionario realizaran los pre-test o pruebas piloto de los mismos. No es algo trivial, las exigencias en el diseño deben ser mayores para aumentar la calidad de la información obtenida.


REFERENCIAS

Pasadas, Sara, Font, Joan, Camas, Francisco, Ferreras, Marisa,  de Zárraga, José Luis y Rafael Ibañez (2017) Los métodos y técnicas de las ciencias sociales ante los procesos electorales. En: Encrucijadas. Revista crítica de ciencias sociales. Vol. 13.

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