
Reflexionando sobre esta expresión, enseguida comprendimos que hacía referencia a un acoso laboral que se da dentro de un equipo de trabajo, de compañero/a a compañero/a. Acoso percibido como el reflejo de una ambición individual desenfrenada que desencadena en maltrato o violencia psicológica. Una acción cometida por perfiles tóxicos capaces de realizar un grave daño a compañeros con los que trabajan.
Pero esta representación del acoso laboral olvida, a nuestro juicio, el contexto social e histórico en el que se desarrolla el problema, por tres principales motivos:
En primer lugar, porque desconoce la responsabilidad de las empresas en estas prácticas. Porque los modelos de gestión del recurso humano, las políticas de promoción interna, los programas de productividad o la ambigüedad en la distribución de las tareas, entre otras causas, pueden crear el caldo de cultivo para la violencia laboral entre compañeros.
En segundo lugar, porque la desregulación laboral, vista como reducción de derechos de las trabajadoras/es o disminución de la importancia de la negociación colectiva en favor de la negociación individual; puede contribuir también a generar el ambiente propicio para la violencia en el trabajo.
Y en tercer lugar, porque el poder puede ir más allá de los rangos jerárquicos. En muchos casos, alguien puede tener un poder mayor que otra persona de similar rango. Porque el poder, en ocasiones, puede ir más allá de la estructura jerárquica. Así, la experiencia, las habilidades y la rentabilidad que determinados sujetos aportan a sus organizaciones emanan un cierto poder a unos respecto a otros. Entre dos "compañeros" de igual rango, puede haber uno que se encuentre en una mejor "situación de mercado" dentro de la empresa. Y que esa ventaja le otorgue una protección especial por parte de ésta en el caso de que surja un conflicto: a la hora de creer su relato y a la hora de tomar decisiones para resolver el conflicto. Puede, incluso, que en un caso concreto de acoso laboral ya haya habido precedentes similares dentro de la misma organización, generándose situaciones de impunidad que facilitan la explosión de nuevos casos de acoso.
En resumen, el mal llamado "acoso laboral entre compañeros" nos parece una expresión biopolítica que debemos transformar ampliando las miras más allá de lo individual y poniendo sobre la mesa la responsabilidad del actor empresarial en cualquier tipo de acoso. Porque no se trata de un problema que se pueda tratar mirando para otro lado y, mucho menos, desplazando la responsabilidad hacia los sujetos y sus características individuales.
Se admite la discusión de esta idea.
BIBLIOGRAFÍA
López, C.M. y Seco, E. (2016) Tipología de Mobbing - una mirada desde la responsabilidad de la empresa. En Sociologias, Porto Alegre, año 18, nº 43, Sep/Dic. 2016, pp. 364-401.